Una Nueva Forma De Educar.

¿Cómo debemos educar a nuestro perro?

Aun hoy en día, se sigue confundiendo adiestramiento con educación. El adiestramiento, es un oficio en el cual se desarrollan una serie de técnicas de aprendizaje. En los años setenta, algunos adiestradores tuvieron la idea de preocuparse  por la psicología conductista. Esta escuela (conductista), aseguraba que los aprendizajes se realizaban única y exclusivamente a través de asociaciones de estímulos positivos y negativos. En cuanto a la voluntad, las emociones, etc., nada de nada. Todo esto solo estorbaba en sus teorías ridículas.             

 Mas tarde nos llegó el cognitivismo, que viene a ser lo mismo que el conductismo, salvo que esta ocasión se dice que sobre todo lo demás somos lo cognitivo (la cabeza). Se produce de este modo, otra metedura de pata afirmando que la cabeza es la que manda sobre las emociones. Según ellos, las emociones se manejan desde la cabeza.              

El cognitivismo es una escuela. Sus teorías son sólo teorías, que como las de todas las escuelas, el paso del tiempo termina por desinflarlas. Conviene saber que lo habitual, es que el cerebro funcione empujado por las emociones y que a las emociones se les maneje mucho mejor desde el sistema nervioso vegetativo que desde lo cognitivo.

El cognitivismo no desbancó al conductismo, simplemente asentó sus teorías sobre los cimientos de este. Hecho mano de las técnicas conductistas, de los premios y castigos, y a todo eso, les añadió que el individuo se tenía que enterar (cognitivo) del asunto. Todo ello para adiestrar y solamente para adiestrar, porque de educación, nada de nada …  de trastornos clínicos, emocionales, de la personalidad, de ansiedad, etc., uuffff... ¿Eso que es lo qué?... ni papa.

La educación de hoy, se basa en una observación del comportamiento de nuestro perro, para posteriormente poder establecer unos limites a su conducta. Mediante la observación y posterior establecimiento de unos límites que hayamos impuesto a nuestro perro, con el fin de obtener un comportamiento deseado, conseguiremos también, que no se programen en la mente del perro comportamientos no deseados.

 

La nueva psicología, quiere ayudar al propietario enseñándole una nueva forma de educar a su perro, una nueva forma de educar más eficaz, sin la necesidad de utilizar premios ni castigos. Para ello, en primer lugar, el lector-propietario debe tomar consciencia de que es inútil intervenir directamente sobre su perro cuando esté tratando de educarlo. Debe dejar a su perro tranquilo. Espere un momento…no, no me he vuelto loco. Lo que trato de decirle y quiero que comprenda, es que como propietario o futuro propietario de un perro o perros, debe aprender a retener, a contener esa impulsividad que nos lleva a premiar las acciones correctas y a castigar las acciones incorrectas o no deseadas.

 ¿Y como se consigue eso? Pues muy fácil, interviniendo en el medio. Debemos aprender a intervenir en nuestro perro a través del entorno en el cual se educará. Para ello, necesitamos aprender en un primer momento a observar el comportamiento de nuestro compañero peludo.

Quédese el lector con estas tres palabras: OBSERVAR, DELIMITAR Y HABITUAR.

 

¿Observar?

Si. Debemos aprender a observar, para ver y valorar como está evolucionando el comportamiento de nuestro perro. Debemos realizar una evaluación progresiva, del rumbo que está tomando su conducta y en consecuencia, poder adelantarnos a posibles problemas futuros, ocasionados por una educación permisiva y con falta de previsión.

 

¿Delimitar?

 A partir de la observación realizada sobre nuestro perro y su posterior evaluación, comenzaremos a establecer unos límites claros hacia la conducta de nuestro compañero.  En primer lugar, debemos establecer unas normas, sobre que le vamos a permitir y que no le vamos a permitir. Esto que en teoría parece muy sencillo, es más complicado en la práctica. Cuando estemos llevando a cabo la educación de nuestro perro, tendremos que tener en cuenta la constancia para poder llevar a cabo la educación del perro correctamente. Sin constancia, todas las normas y reglas de disciplina que pongamos, serán en vano. No nos servirán para nada.

 Como ya he dicho anteriormente, lo primero que debemos hacer es desechar de nuestra mente la idea de premio-castigo. Debemos olvidar y reprimir esa actitud impulsiva que nos lleva premiar el buen comportamiento y a castigar el mal comportamiento.

 Piense por un momento en la educación de su hijo. Supongamos que estamos educando a un niño de unos cinco años.

Si usted es padre, madre, abuelo, abuela, tío, tía, etc. Comprenderá de mejor forma lo que trato de explicarle.

¿Cuántas veces al cabo del día debemos corregir el comportamiento de un crío? Muchiiiiisimas, nunca parecen las suficientes.

¿Cuántas veces debemos repetirles lo que deben hacer y lo que no?

Al día…tropecientas veces. Durante su desarrollo…mejor dejémoslo, me mareo solo de recordarlo.

“Chiquillo te quieres estar quieto”. “No toques eso”. “Eso no se hace”

“Juanito. ¿Te has lavado las manos antes de comer?”. “Juanito. ¿Te has cepillado los dientes?”. “¿Has metido la merienda para el colegio en la maleta?”. “¿Has tirado de la cadena después de hacer pipi?”…“¿Y has bajado la tapa?”…”¡Te habrás lavado las manos!” y un larguiiiiiisimo etc. Día tras día.

 

 Hasta que el hábito tome forma, quede grabado en la mente de nuestro amigo peludo al igual que en la de nuestro hijo, deberemos pasar por procesos trabajosos, recordando continua y repetidamente cuales son las acciones a realizar. ¿Cuándo toma forma el hábito? Pues todo depende la voluntad del perro por colaborar. Si es colaborador, los hábitos más simples (como entrar solo en su jaula educativa a una orden nuestra) se consiguen instaurar en cuestión de días. Los demás hábitos además de la colaboración del perro, dependerán de la dificultad que el perro encuentre en realizarlos, recordarlos y repetirlos.

 

 Educar puede resultar muy difícil o muy fácil. Es necesario establecer unas normas de disciplina para emprender una correcta educación y después dejar que la habituación tome forma. Además como dije anteriormente, el enemigo de la educación es la inconsistencia. Debemos mostrar una actitud constante y ser indulgentes con las normas de educación que establezcamos. No puede ser que hoy le permitamos algo (mientras comemos sucumbamos a la mirada de cordero degollado que nos ponen y le demos algo de nuestra comida)  y mañana, no se lo permitamos y además, nos  pasemos el día regañando al perro por que nos está rondando mendigándonos comida.

 

¿Habituar?

 Para que unas normas lleguen a consolidarse y podamos crear un hábito, es necesario generar una habituación en el perro hacia las normas de educación y disciplina que hemos establecido.

 En este sentido podemos decir que lo tenemos más fácil, ya que la habituación es una característica presente en todos los seres vivos.

¿Recuerdan el refrán del perro y el hueso?... ¿Qué le dice el perro, al hueso? “Tú serás duro, pero yo tengo tiempo”.

 Pues eso. Debemos ser fuertes y constantes en las normas que impongamos a nuestros perros y al final la habituación hará el resto.

Sepa el lector que el perro aprende a “hacer” cosas “haciéndolas”. Esto quiere decir, que el perro aprende a hacer lo que hace, haciéndolo y que aprende a no hacer lo que no hace, no haciéndolo. Un trabalenguas un tanto curioso, pero cierto. Simplifiquémoslo.

 El perro aprende a hacer tanto lo que debe, como lo que no debe, haciéndolo.

Enseñaremos a nuestro perro a hacer lo que debe, obligándole SIEMPRE mediante límites inteligentes, firmes y flexibles. De este modo, la educación nos resultará muy fácil. Por otro lado, le impediremos SIEMPRE lo que no debe hacer. De este modo, nunca podrá instaurar habitos de conducta indesados en su programación mental.

 

Se me ha venido a la mente una adivinanza, que expresa muy fielmente lo leído en estas líneas anteriores.

 

¿Por qué entra un perro en la iglesia? Pues muy fácil. Porque está la puerta abierta. Es lógico que si nadie le ha enseñado que no debe entrar en la iglesia, el pobre animalito al ver la puerta abierta, entre. Quizás ante tal multitud piense. “¿Estarán dando aquí algo?” “Pues yo entro, a lo mejor cae algo”.

 

 

José Antonio Campos Lunar. Psicoterapeuta canino avalado por el instituto para postgraduados en psicología, Maslow Cattell. Master en psicología clínica y educativa orientada al perro. Especialista en psicopatología. Autor de diversos artículos. Autor de los videos LA VERDADERA PSICOLOGIA CANINA. Colaborador de profesionales, criadores, centros veterinarios y refugios de mascotas. Adiestramiento del perro en obediencia, educación del perro para su entorno familiar y social, modificaciones de conductas indeseadas, análisis y diagnóstico clínico de trastornos y comportamientos, cursillos de educación y preadiestramiento para cachorros y propietarios.