El Perro. Temperamento y Carácter.

Con demasiada frecuencia, solemos utilizar el término carácter para hacer alusión al temperamento que poseen los ejemplares con los cuales trabajamos. Solemos emplear-utilizar  ambos términos confundiéndolos. Pues bien, dispongámonos a explicarlos idiomáticamente.

Temperamento y carácter, sus diferencias son:

El temperamento:

El temperamento es algo innato. Sería la tendencia “primaria”, por así decirlo. Los temperamentos acompañan al individuo desde el momento en que nace, hasta el fin de sus días. Son los que permiten las relaciones sociales y familiares. Sin ellos, las relaciones simplemente no existirían. Poseemos un tipo de temperamento que nos permite conseguir casi todo cuanto nos propongamos y otro temperamento que nos cohíbe sometiéndonos constantemente al sufrimiento y la desgracia, a la perdida y al fracaso. Es decir, el temperamento es la forma espontánea y natural con la cual se tiende a reaccionar con un cierto estilo.

El carácter:

Por el contrario, el carácter al ser una tendencia “secundaria” es adquirido e influenciado por las características de la personalidad, del ambiente-medio y por la educación. Esto significa ni más ni menos, que el carácter se puede adquirir, modificar e incluso perder. Para poder desarrollar el carácter individual, el individuo debe poseer un temperamento individual como base, y con las modificaciones de todo tipo a que éste (temperamento), no en su raíz, pero sí en sus manifestaciones conductuales queda sometido.

Pongamos un ejemplo:

Un perro que habitualmente se comporta de manera espontánea e impulsiva (temperamento), tenderá a mantener esta tendencia durante toda su vida, pero si aprende, si se le enseña a controlarla y a obrar reflexivamente mediante un correcto autocontrol emocional, su conducta práctica se sobrepondrá a tal tendencia, impidiéndola. La nueva tendencia a actuar de esta manera, es lo que llamamos “carácter”. El gran tema que deberíamos tratar no obstante en la psicología educativa, debe ser por consiguiente el temperamento y no el carácter.

Sin duda alguna, el carácter es un componente que se ve fuertemente influenciado por el entorno (educación, relaciones sociales, familiares, de trabajo, etc.), al que el individuo queda expuesto. Como bien se suele decir “debes forjar tu carácter”. 

Los tres componentes de la estructura del carácter son:

-La emotividad. Consistente en la mayor (primario) o menor (secundario) repercusión emocional del sujeto ante un acontecimiento. Es decir, como de efusivo es el individuo a la hora de mostrar sus emociones, de dejarse llevar por ellas.

-La actividad. Consistente en la mayor (primario) o menor (secundario) inclinación del sujeto a responder a un estímulo mediante la acción.

-Las respuestas. Estas se producen ante las impresiones, fruto de la manifestación como primarios o secundarios.

Trataré de explicarlo, de forma que su comprensión nos resulte lo más sencilla posible.

Los individuos que poseen los rasgos indicados como primarios, es decir, que reaccionan dejándose llevar en mayor medida por sus impulsos emocionales, pasando de esta forma a la acción apresuradamente, son  individuos variables y volubles. Lo que denominaríamos como, individuos inconsistentes.

Por el contrario, los individuos que poseen los rasgos indicados como secundarios, es decir, que reaccionan con mayor autocontrol de sus emociones, pasando de esta forma a la acción sin apresurarse, son individuos más constantes.

 

El temperamento, como he indicado anteriormente, es algo que ya está determinado genéticamente y más específicamente, con el sistema nervioso del individuo. 

Desde hace mucho tiempo se clasificaba a los humanos por temperamentos. Fue Hipócrates quien hizo la primera clasificación, según la cual los humanos teníamos dentro del cuerpo ciertos líquidos (llamados humores) como lo son la bilis amarilla, la bilis negra, la flema y la sangre (estós liquidos también los possen nuestros perros), cuyo equilibrio determinaba el temperamento del individuo: Por ejemplo, si la flema predominaba, se decía que el individuo en cuestión era flemático.

Los cuatro temperamentos son: Sanguíneo, Colérico, Melancólico y Flemático. (Los explicaré en el próximo árticulo).

 

José Antonio campos Lunar. psicoterapeuta avalado por el instituto para postgraduados en psicología, Maslow Cattell. master en psicología clínica y educativa aplicada al perro. Especialista en psicopatologías. Autor de diversos árticulos. Autor de los videos LA VERDADERA PSICOLOGIA CANINA. Colavorador de criadores, centros veterinarios y refugios de mascotas. Adistramiento del perro en obediencia, educación del perro para su entorno familiar y social, modificación de conductas indeseadas, análisis y diagnóstico clínico de trastornos y comportamientos, cursillos de educación y preadiestramiento, para cachorros y propietarios.