El perro rescatado.

Gracias al cielo, cada vez son más los propietarios que se decantan por adquirir un perro mediante la adopción.

El propietario adoptante, debe saber en primer lugar, que la gran mayoría de perros que son abandonados en la actualidad, lo son sin un motivo especial. Me explicaré más detalladamente. El propietario de hoy, a veces se deshace de su perro por el simple hecho de lo que supone tener a un perro… responsabilidad.

Es en las épocas primaverales, donde gozamos de un buen clima, el periodo propicio para que una persona o familia se decidan a tener un perrito. El buen tiempo, temperatura, etc., nos incita a que salgamos a pasear más a menudo y en compañía de nuestros compañeros peludos. Se suele respirar… un cierto “aire”  a alegría en el ambiente. Una vez abandonamos el periodo primaveral llega el periodo vacacional.

Cierto es que en verano se producen muchos abandonos, pero también es cierto que una vez que nos abandona el buen tiempo con la llegada del invierno, el sólo hecho de tener que sacarlos a pasear entre frio y agua, se convierte en una razón de peso para deshacerse del perro.

Las razones por las que un perro acaba en una perrera son múltiples. Citaré las que a mi juicio, suelen ser las más comunes en el perro de compañía (no en perros dedicados a la caza).

1-Como he comentado anteriormente, la responsabilidad que supone tener un perro (obligaciones).

2-Muy a menudo, suele resultar que se adquieren ejemplares que acarrean taras genéticas, que a su vez generan conductas  imposibles de controlar por propietarios inexpertos.

El futuro adoptante debe prestar atención, ya que lo que empujo al antiguo propietario a deshacerse de su perro, puede empujar al nuevo propietario.

En este punto, resulta de vital importancia la presencia de un especialista canino para asegurar nuestra elección.

3-La falta de previsión de la familia o propietario, que suelen olvidar que ese cachorro mimoso y juguetón, se hará mayor. El propietario por lo general, inicia una crianza y educación  inconsciente, blanda y permisiva, la cual no ayudará a nuestro perro a progresar psicológicamente hacia una madurez mental necesaria.

He comenzado de este modo, porque he querido explicar y hacer ver a los futuros adoptantes, que no todos los perros que están en la perrera, refugio, etc., tienen por que acarrear taras psicológicas.

Lo que si resulta necesario en el futuro adoptante, es conocer  y aprender  la manera de actuar cuando nos disponemos a introducir a un perro en casa (sea de protectora o no).

 

Cuando una persona o familia, toma la decisión de rescatar o adoptar a un perro, deben ser conscientes de una serie de problemas. Como norma general, a la persona adoptante le suele sobrecoger un sentimiento de lastima hacia el perro de refugio. Resulta necesario y primordial abandonar este sentimiento que nos envuelve, ya que nos arrastrará hacia nuestro lado emocional, secuestrando nuestro yo cognitivo, condicionando de este modo la mayor parte de nuestro comportamiento para con el perro.

El fracaso en la introducción de estos perros, suele ser por lo general la falta de conocimientos, nuestras emociones y  unas prisas enormes por hacerle  ver al perro nuestro cariño y hacerlo sentir como un miembro más de la familia lo antes posible.

¿Es que todo esto está mal?

No es que este mal el intentar contagiar a nuestro nuevo perro del cariño que nos embarga, tan solo es cuestión de anteponer lo realmente importante. Me refiero, a que debemos controlar nuestras prisas por hacer sentir bien a nuestros perros desde el primer momento que llagan a casa, con nuestras muestras efusivas de cariño. Al perro, debemos darle su espacio y su tiempo de adaptación.

Debemos dedicar  un tiempo mutuo de observación y reflexión, esto quiere decir, observar al perro y dejar que él nos observe a nosotros. De este modo podremos tanto nosotros como él, tomar los datos necesarios para una convivencia y entendimiento mutuo.

Al haber estado tan faltos de cariño, estos perros suelen responder rápidamente a las muestras de afecto, creando rápidamente un vínculo afectivo con su nuevo propietario.

Debemos abandonar las prisas. Démosle tiempo al perro para que nos conozca, conozca nuestra casa (su nuevo hogar), se familiarice con los estímulos que allí se hallan (personas, olores, colores, sonidos, etc.)

No tratemos de comprar al perro con cariño de abuela. La mayoría de propietarios adquiere la creencia, de que se tiene que ganar la confianza del perro lo antes posible mediante cariño y acercamientos. Eso no es así. Debemos darle al perro su tiempo y espacio para que por si mismo, sea él, quien se muestre confiado y se acerque a nosotros. No debemos forzar nunca esa situación.

Por regla general cuando hablo con los propietarios sobre la relación que mantienen con sus perros, suele aparecer siempre la misma pregunta.

¿Por qué el perro recogido, suele mostrarse menos problemático que el perro que criamos desde pequeño?

La respuesta es bien sencilla. Al perro, desde el momento de su llegada a casa, lo tratamos como a un niño pequeño durante toda su vida. Resolvemos todas sus necesidades. Lo alimentamos, saciamos su sed, lo defendemos de las inclemencias del tiempo y posibles agresiones, le damos cariño, lo bañamos, llevamos al medico (veterinario), etc., en fin, que no hacemos ver al perro los privilegios de los que disfruta. No le enseñamos a valerse por si mismo. Para nuestro perro, todas esas atenciones siempre han estado ahí y siempre estarán.

Caso distinto es el del perro de protectora-refugio. Este perro por lo general, suele haber pasado por más de una calamidad. Es más consciente de su dependencia, por el hecho de que ha pasado frio, calor, hambre, sed, etc. Es por este motivo, por el cual estos perros adoptados resultan tan agradecidos. Saben valorar y dan importancia a cada muestra de afecto, a ser alimentados, etc..

Todo esto no implica que debamos despreocuparnos de su educación, ni mucho menos. En el perro adoptado, debemos valernos de estas carencias que ha tenido, para acercarlo hacia nosotros estableciendo una correcta dependencia. Tampoco es cuestión ahora de dar por dar, por el simple hecho de que lo ha pasado mal. Nos ayudaremos de estas carencias que ha tenido el perro, para hacerle ver que el cariño, alimento, cobijo, etc., hay que ganárselo y que somos nosotros, los encargados de racionalizarlo. Emprenderemos de esta manera, una correcta reeducación.

En la adquisición de un perro, resulta esencial establecer una correcta dependencia desde el primer momento de su llagada a casa. Debemos hacer valorar al perro, las atenciones de las cuales disfruta. Como he dicho anteriormente, debemos aprender a racionalizar nuestras muestras de cariño, que sepa apreciarlas. Enseñar al perro, que come porque nosotros somos quien lo alimentamos, que sacia su sed porque nosotros le damos de beber, que no pasa frio ni calor porque nosotros lo resguardamos en la comodidad de nuestros hogares, etc.

¿Que seria un día soleado, si todos los días fuesen soleados? Para que existan días soleados debe existir días nublados, lluviosos, ventosos, etc. ¿Me explico? Solo así sabemos apreciar los días soleados…cuando nos faltan o en este caso la madre naturaleza, nos los racionaliza, es cuando les damos importancia.

Como profesional del mundo canino, puedo afirmar rotundamente, que la mayoría de problemas que padecen los propietarios con sus perros (en un 90%) se deben a la instauración de una nefasta dependencia. Resuelven en exceso el día a día de sus perros convirtiéndolos en unos mal criados (inflación de las glándulas meapeteciarias) o en unos mimados (dependientes) incapaces de evolucionar hacia una personalidad adulta, madura y equilibrada.

 

 

José Antonio Campos Lunar. Psicoterapeuta canino avalado por el instituto para postgraduados en psicología, Maslow Cattell. Master en psicología clínica y educativa orientada al perro. Especialista en psicopatología. Autor de diversos artículos. Autor de los videos LA VERDADERA PSICOLOGIA CANINA. Colaborador de profesionales, criadores, centros veterinarios y refugios de mascotas. Adiestramiento del perro en obediencia, educación del perro para su entorno familiar y social, modificaciones de conductas indeseadas, análisis y diagnóstico clínico de trastornos y comportamientos, cursillos de educación y preadiestramiento para cachorros y propietarios.